Hoy será el día para intenatr subir y explicaros algunos de mis proyectos personales en crochet.
Mis andaduras comenzaron el día en que me planteé dejar de fumar. Necesitaba tener las manos ocupadas y en aquel entonces, lo que me ayudaba a relajar un poco la ansiedad era la comida, y comía compulsivamente sin parar.
Hasta hace unos meses el crochet era algo muy difuso en mi mente, de hecho, era algo que odiaba de adolescente. El motivo era que cuando te acercas a mamá a que- admito- nos prestase algo de atención, ella te respondía - ahora no puedo nena,16,17,18... , estoy contando, 19,20 21-, así que crecí odiando aquello que nos quitaba la atención materna, aunque estuviese haciendo algo para nosotrxs. En concreto odiaba un centro de mesa floral en filet. No veas como lo odiaba, era inútil además, para limpiar la mesa tenías que quitar el jarrón, la horterada y limpiar, volver a tocar la horterada, colocarla centrada y bien, con su jarrón encima. Horroroso.
Crecí con ese amor/odio, que se intensificó cuando veía muñecos increíbles de amigurumi. Era envidia, pura envidia, a todo el Japón y cualquiera que supiera hacerlos. Estaba tan celosa que empecé a intentarlo. Y me enganché, como al tabaco, igual. Ahora me encuentro todos los días buscando patrones en internet, informándome de cómo hacer los puntos más raros y más especiales, practicando una y otra vez, y equivocándome muchísimas. En lugar de ir a por tabaco, voy a por lana. Es horrible porque además estoy en una fase horteríl, y me atraen todos los colores, y los mezclo todos, la mayoría de las veces, mal.
Si engancha, pero merece la pena.
Estas son mis primeras flores:
La última tiene un color muy bonito pero el centro está algo flojo. No estoy muy segura de si el patrón era ruso, pero en cuanto lo localice os explico.
Mis andaduras comenzaron el día en que me planteé dejar de fumar. Necesitaba tener las manos ocupadas y en aquel entonces, lo que me ayudaba a relajar un poco la ansiedad era la comida, y comía compulsivamente sin parar.
Hasta hace unos meses el crochet era algo muy difuso en mi mente, de hecho, era algo que odiaba de adolescente. El motivo era que cuando te acercas a mamá a que- admito- nos prestase algo de atención, ella te respondía - ahora no puedo nena,16,17,18... , estoy contando, 19,20 21-, así que crecí odiando aquello que nos quitaba la atención materna, aunque estuviese haciendo algo para nosotrxs. En concreto odiaba un centro de mesa floral en filet. No veas como lo odiaba, era inútil además, para limpiar la mesa tenías que quitar el jarrón, la horterada y limpiar, volver a tocar la horterada, colocarla centrada y bien, con su jarrón encima. Horroroso.
Crecí con ese amor/odio, que se intensificó cuando veía muñecos increíbles de amigurumi. Era envidia, pura envidia, a todo el Japón y cualquiera que supiera hacerlos. Estaba tan celosa que empecé a intentarlo. Y me enganché, como al tabaco, igual. Ahora me encuentro todos los días buscando patrones en internet, informándome de cómo hacer los puntos más raros y más especiales, practicando una y otra vez, y equivocándome muchísimas. En lugar de ir a por tabaco, voy a por lana. Es horrible porque además estoy en una fase horteríl, y me atraen todos los colores, y los mezclo todos, la mayoría de las veces, mal.
Si engancha, pero merece la pena.
Estas son mis primeras flores:
Esta es una flor de loto que copié de un patrón de pulsera en inglés. Como ya colgaré las pulseras os explicaré algo más.
Esta flor se llama Africana sirve para todo, y en bolsos están geniales. Aquí era por intentar hacer posa-vasos.
La última tiene un color muy bonito pero el centro está algo flojo. No estoy muy segura de si el patrón era ruso, pero en cuanto lo localice os explico.
No comments:
Post a Comment